En estos días de confinamiento me preparé como si fuese a un retiro espiritual, tengo experiencias en ellos, pues siendo muy joven participé en muchos. Pero eso es otra historia. Recibí tanta paz que mi cerebro recordó momentos ocurridos en el pasado: situaciones, acontecimientos felices y también tristes. Los analicé a todos, uno por uno y descubrí, admito, las razones de mi modo de ser.
Sí, han quedado secuelas que marcaron la mente, así como otras también mi cuerpo; pero lo agradezco. Confortan y mucho. Por todo esto, comprendí y acepté que no importó la lucha; fue cruel, pero gracias a ella logré llegar a mi ocaso, algo muy importante. Desde aquellas experiencias lo fácil no me agrada, cuanto más difíciles son me enfrasco con ansias y devoción hasta lograr mis objetivos.
Deleite del camino, a pesar de las lágrimas derramadas y tristezas; por las espinas o piedras encontradas en él, mas aprendí a vivir, amarme a mí misma para dar y recibir amor.
Jamás me arrepentiré. Siento satisfacción por el tiempo dedicado a quienes me hacían sentir bien. Pero, eso sí, nunca más llamaré la atención, ni a la amistad, ni al amor. Aquellos que crean quererme, vendrán para decir o demostrar sus sentimientos, con las palabras o acciones justas. Aguardaré, a que suceda lo que haya de suceder. Si alguien se cruzara conmigo, y por ello tuviese que vivir una situación o una injusticia emocional, actuaría de una sola manera.
Si llamo y no contestan, desistiré. No permitiré el castigarme, por la indiferencia a mis mensajes sin respuesta, o a los silencios, antes tan dolorosos. No me ha ocurrido nunca, pero si me ignoran, o compruebo que no desean mi compañía, me apartaré en silencio. ¿Cómo podré esperar a quien no me aguarda? Tampoco mendigare, sé que el amor no se grita, ni se exige, ni se implora,ni se ignora, pero si lo siento, lo demostraré cultivando y dando lo mejor de mí. Para aquellos que dicen quererme tendrán mi cariño, más si me comprenden y sin importarles mi forma de ser o juzgando mi conducta.
Siempre (no voy a olvidarlo) en las mañanas empezaré el día dibujando una sonrisa ante el espejo, y al salir a la calle se la obsequiaré a quienes se crucen conmigo. Ayudaré a los niños, ancianos y enfermos, si necesitan ayuda para hacer algo; sé que esto me hará sentir dicha, pero mucho más me valorizarè por mi forma de ser y respetar a los demás. Si alguien, (podría ocurrir), me descuida no querrá decir que yo no deba hacer lo posible por rodearme y cultivar a personas que me quieran a su lado.
Durante el transcurso de mi existencia conocí a muchas personas y he pasado bien con ellas. Con otras, muy pocas, no ha sido así. Sin embargo, comprendí rápidamente que esos momentos son parte de la vida; y que las experiencias negativas me beneficiaron, así pude llegar a este punto, para subsistir con felicidad.
Mi problema en la cadera me impide caminar, el brazo izquierdo y las manos son débiles. No me siento mal. Doy gracias a Dios porque lentamente puedo llevar la comida a la boca. Tanto mis duchas diarias como mi higiene personal e íntima las realizó sin necesitar ayuda, perfectamente; mi mente es lúcida y la memoria excelente. Vivo sola y no percibo la soledad, al contrario los días se me hacen cortos. Duermo muy bien como una beba. No dejaré atrás a mi enemigo, el tiempo cambiante más con lluvias. En estos días parezco una planta cuyas hojas han decaído por falta riego, pero sé la solución: ¡Descanso!
Para poder crear mis relatos estoy dejando poco a poco el programa de voz, imprescindible al no poder hacer manuscritos; ahora puedo escribirlos directamente en el ordenador.
He aceptado estos sucesos como lecciones valiosas que me fortalecieron para coexistir en mi paso por la vida.

