A veces se viven momentos inexplicables, siendo no obstante bonitos y emocionantes.
Todas las mañanas hablamos Ana y yo por medio del WhatsApp para saludarnos y comentarnos nuestras cosas. Hace poco le pregunté por su esposo, y así me contestó:
—Enrique se ha caído. Ha sido un gran golpetazo; sí, con mucha suerte no se ha hecho nada, pero a mí, del susto, me ha dado una subida de tensión.
—Lógico ̶ le contesté —, no sabías si tendría consecuencias. ¿Cómo se encuentra?
— Tranquila. Está leyendo.
Me adjuntó una foto suya, que en ese momento no vi bien porque estaba sin gafas. Como llegaba mi hijo, dimos por finalizada nuestra conversación.
Luego que se fue mi hijo Andrés, siguiendo mí costumbre, volví a leer nuestra charla virtual con Ana. Grandes fueron mi sorpresa y emoción al mirar nuevamente la foto de Enrique, esta vez con las lentes: ¡Tenía entre sus manos mi libro Para seguir viviendo…!
En ese instante recordé el comentario de Ana: «Es la segunda vez que lo lee».
Son pequeñas pero grandes e inolvidables cosas las que nos brinda la vida. En un momento se reflejó, algo que yo he escrito, en mi mente: “Mi gran anhelo es brindarle compañía al solitario y lograr que sus horas de lectura sean muy agradables”.

