Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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Escrito · Edith Aguirre

MARAVILLOSO SUEÑO

Columpios y juegos de colores en un parque infantil
Jonathan Cooper / Pexels
Lectura a tu medida

Hoy es un día especial: voy a estar unas horas con mí adorado nietecito.

Mi hijo me lo ha traído para que pase la tarde conmigo. Luego de darme muchas recomendaciones, se va.

Después de darle el biberón al pequeño, nos vamos al paseo de frente a casa. Vamos cogidos de la mano hasta los juegos para los niños, ubicados en la Peatonal, se va subiendo a todos los aparatos, uno por uno. En su preciosa carita se vislumbra placer, su angelical risita me llena el corazón.

Luego de disfrutar esos primeros momentos de juegos, seguimos caminando. Subimos por las escaleras a  las zonas verdes, entonces mi niño tira de mí hacia un lugar que parece una alfombra de hierba; allí nos sentamos ambos… creí que para descansar, pero no: él empieza a revolcarse en el césped riendo. Con palabras enredadas, me pide que haga lo mismo; me imagino haciéndolo y me da la risa a mí también. Me encantó su ocurrencia.

Seguimos andando así llegamos a la laguna, situada en el centro del  “Parque de los patos”, donde habitan las aves con sus crías. Al verlos, mi nieto se sorprende; su intención es la de entrar al agua para jugar con ellos pero se lo impido. Lo que es la inocencia. Está muy entretenido mirando cuando por delante de él se  cruza un pavo real, exhibiendo su llamativo plumaje y su elegante cola, parecida a un gran abanico; tras del ave la hembra, seguida por sus pavitos. Nuevamente mi pequeño corre detrás de ellos…, apresuro mis pasos  para evitar que se aleje de mí.

Se detiene otra vez: ha visto una ardillita parada sobre un tronco. No sé si por temor o curiosidad, se queda estático mirándola, mientras sus manitas se mueven como si bailaran. Me acercó diciéndole que no le va a hacer nada, que las ardillas son inofensivas, están acostumbradas a las personas que les dan de comer. Mi chiquito la ve alejarse hasta perderse de vista. Caminando seguimos hasta salir del parque "Reina Sofía", al cruzar la calle nos encontramos con la feria de atracciones infantiles. Noto a mi chiquilín nervioso, más bien diría ansioso. Observa todo muy detalladamente; no habla, solo tira de mi mano para que avance. Al llegar al carrusel, se detiene, a contemplar  cómo da vueltas y vueltas; le explicó  que subirá conmigo”. Al principio está tenso, sujetó mi ropa; le abrazo y le digo: “Mi amor, no temas, nada te va a ocurrir. No voy a dejarte, te lo aseguro”. Así acaba disfrutando del paseo en el caballito. No sé cuántas vueltas hemos dado; pero una más y, a la que sacan en andas es a mí.

Al bajarlo le noto agotado. Han sido muchas emociones para una criaturita tan pequeña. Apretándose contra mi pecho me expresa que no quería caminar. ¿Qué hacer? ¡Si  yo no puedo cargarlo con mis pobres brazos! Me entra la desesperación… pienso mil cosas… siento como un flechazo en mi cuerpo… Hago un esfuerzo, de repente… me encuentro en mi cama, sola. Mis ojos  se detienen en mi silla eléctrica, la que usó para caminar, esa es mi realidad y triste realidad ¡Qué angustia! Todo lo que acababa de vivir ha sido nada más que un sueño; simple, aunque maravilloso sueño; porque mi ilusión de abuela ya solo podrá hacer eso, ¡soñar!

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