Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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Escrito · Edith Aguirre

HISTORIA VERÍDICA

Un cielo estrellado sobre las montañas
Selman Arif Golbasi / Pexels
Lectura a tu medida

Fueron necesarios veinticinco años  para  borrar de mi mente aquellos cinco terribles de mi primer matrimonio. Lo único hermoso y  rescatable de esa unión, fueron mis dos hijos.

 En la provincia, dónde vivíamos yo y mis hijos en el verano los calores son muy intensos, en las noches la temperatura llega 38 o más grado, de allí, los balnearios nocturnos.

 Alquilábamos  una casa hermosa, mucho más su amplia terraza; todas las noches dormíamos allí, los tres en una cama acondicionada por nosotros. Dormirse mirando el cielo, es maravilloso, como también el contemplar muchas  veces las fugaces estrellas.

 Encontrándome una noche sola, me descubrí­ que le hablaba a  un ser imaginado y desconocido por mí, mirando al universo y  siempre al hacia el Sur. Estás eran mis palabras:

—“¿En qué lugar te encuentras? Te imagino solo cómo yo. ¿Sintiendo la no presencia o la falta de una agradable compañía a tu lado? Sabes tengo muchos, años de soledad ¿Te ocurre a ti lo mismo? Poseo mucha ternura, me encanta  conversar, compartirla con ese alguien, ¡que me enamorara! y yo lo amarí­a.”

  Varias noches esas fueron  mis palabras arrojadas al espacio.

 Se los conté a mis hijos, uno de ellos, riendo me decía: — ¿Pero qué haces, no te  has dado cuenta qué le estás enviando mentalmente mensajes a un ser que ni siquiera sabes quién es ni como se llama, que se encontraría vaya a saber en qué lugar o rincón del inmenso mundo? Déjate de esas locuras,  no puedes ir  ni a trescientos kilómetros de dónde  vives y sueñas con conocer a una persona que quizás se encuentra a miles; o en el extremo del otro lado del globo terráqueo, deja de soñar viejita loquita…

 Sí, lo comprendí, pero no dejé de hacerlo;  sin embargo soñar no cuesta nada, y los sueños, sueños son. Una vez más puedo decir: La mente es un gran Imán y lo  que pensamos, se cultiva. Para mí se cumplió... ¡sí­, nos conocimos, nacido y vivía en España…!­

 Empezamos a escribirnos, en aquellos años por correo electrónico; fueron pocos meses y llegó el momento de conocernos. Al vernos personalmente nos enamoramos, el uno del otro, nos casamos  y nuestro amor, fue único. Por él, pude cumplir mi gran sueño desde pequeña, el de conocer este querido país. Vivo aquí y soy muy feliz, como también será mi última morada.

 Padecí­ mucho dolor al verlo partir, como el arrancarlo de mis brazos...

Fuimos inmensamente felices,  gracias a ese amor es lo que me permite seguir en la espera para estar juntos nuevamente.

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