Dama de RojoEDITH AGUIRRE
← Todos los escritos
Escrito · Edith Aguirre

INMENSA SOLEDAD

Un faro solitario rodeado por las olas
Tuấn Vũ / Pexels
Lectura a tu medida

Sin ti. Amado e inolvidable esposo:

Quedé a deberte tanto amor que ahora, luego de tu partida, vivo resignada pero con el permanente regalo de tu recuerdo. Sé cuánto me amaste. Pude sentirlo y vivirlo, segundo a segundo. Esto me permite seguir con mi vida, subsistir, aunque esta no sea normal.

A veces siento tanto dolor que deseo que la muerte venga por mí, pues no resisto que me faltes tú, ni tus cálidas caricias, tus apasionados besos… el brillo de tus ojos al decirme “no te amo, querida mía; te adoro”… Pero me quito esos pensamientos, pues no soy dueña de mi destino.

Siempre me decías: “¡No me dejes nunca! Sin ti no sabría vivir; sin ti los días serían noches; no vería nada al no estar tú a mi lado; todo sería neblina, porque tú eres mi sol, el aire que respiro, el agua que bebo”.

Quiero descansar con tu perdón, aquel que me pediste cuando viste que debías partir, dejándome sola. Haré cuenta que solo te fuiste de viaje, y esperaré tu regreso. Sé que pronto vendrás a buscarme; te estoy esperando…

  Cuando esté muy triste, el hermoso recuerdo de nuestra feliz unión dará compañía a mi inmensa soledad.

← Seguir leyendo