Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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PARA SEGUIR VIVIENDO · 44 DE 45

EL SUEÑO

Lectura a tu medida

A pesar de que era invierno, salí a la calle y elevé la mirada al cielo. Estaba gris y triste, igual que mi estado de ánimo. El viento gélido, al rozar mi rostro, me hizo temblar. De pronto, a pocos metros, apareció un hombre que me hacía señas. Su mirada llena de bondad y su sonrisa dulce me convencieron a seguirlo.

Sin acercarme demasiado, fui tras él y vi que se paraba frente un pórtico muy bello, que daba a un hermoso jardín lleno de flores y plantas exóticas. Los pájaros cantaban felices, dando gracias al resplandor del sol, que asombrosamente alumbraba desde un cielo sin nubes. ¿Cómo pudo cambiar todo tan de repente? De nuevo miré al hombre que me seguía haciendo señas, invitándome a entrar.

«¿Por qué siento este frío tan intenso a pesar del sol?», me pregunté. Pero seguí caminando sin pensarlo más. Enseguida me sentí muy bien, ya que la belleza del sitio era irresistible. Observando aquella hermosura, tomé conciencia de que aquel hombre, que me había traído al lugar, debía de ser muy especial.

A medida que caminaba, mi cuerpo entraba en calor y pronto sentí brotar de mi pecho una sensación de felicidad que me desconcertó. Pasados unos segundos noté la mano del desconocido en la mía, apretándola con ternura. De pronto, sus brazos rodearon mis hombros y sus labios buscaron los míos. No fue un beso singular, pues lo sentí como un beso de siempre al que estaba acostumbrada. En ese momento, al fin, pude ver el rostro del hombre y no pude creerlo: sí, era él, José, mi querido esposo, que hacía unos años había partido de mi lado. Después escuche su voz:

—Mi amor, ya no puedo resistir más tiempo solo; estoy en el paraíso, pero sin ti esto no es nada, por eso te he guiado hasta aquí; quisiera compartir contigo mi nuevo destino.

Tomó mi mano y, muy juntos, empezamos a subir por un brillante sendero.

Me desperté con lágrimas en los ojos. El sol de la mañana me daba de pleno en la cara. Estiré, por costumbre, el brazo para tocar a mi esposo. Su sitio estaba vacío.