Antes de mi partida, mis hijos me organizaron una despedida a la que invitaron a los familiares y amigos. Fue una reunión muy divertida y emotiva al mismo tiempo, con muchas risas y bromas; una de ellas, que no se podía negar que yo era una mamá moderna. Al preguntarles el porqué, me contestaron:
—Quienes suelen irse de la casa son los hijos, no la madre.
Los chicos decían que me colocaron un sello en la cola; me enviarían sin reembolso y que no se aceptaría devolución.
Un invitado joven pidió un brindis especial por la madre de David, que por fin llegó a conocer. Extrañada, le pregunté a qué se debía ese deseo de conocerme, a lo que me respondió:
—Quería verla personalmente, saber cómo era…
—¿Pero por qué? —le pregunté, sorprendida.
—Porque no podía creer lo que me decía su hijo. Suponía que usted no lo haría. Con sus cincuenta y ocho años demuestra ser muy moderna y muy valiente. Y sí, ahora veo que es verdad. ¡Salud, Edith, y suerte!
Después del brindis pasé por las mesas, saludando a cada uno de los presentes. Recibía palabras alentadoras y deseos de suerte expresados con mucho cariño.
Al llegar al lado de mi hijo menor, percibí que su abrazo era muy intenso. Y me murmuró al oído:
—Toda la suerte, madre, y más de la que mereces; pero sé que tú no volverás, estoy seguro de ello.
—Sí, hijito —le conteste—, regresaré dentro de treinta y cinco días.
—Ya, cuando el galleguito te vea, no regresarás. Con este viaje inicias tu nuevo destino. Solo te digo que, si es así, yo te seguiré… Te voy a extrañar mucho.
—Yo también —le contesté mientras lo abrazaba.
—Además, Andrés me comentó que José le pidió disculpas por haberme contado lo de la foto, del montaje que había hecho.
—¡Excelente idea, hijito! Te pasaste —le dije—. ¡Gracias! —Y lo besé.
El abrazo de David también fue muy cariñoso. Me apartó un poco y, mirándome con mucha ternura, me dijo estas palabras, que recuerdo todavía:
—¡Ve, viejita, ve y vive! Tienes una nueva meta. Y a la hora de tomar una decisión no pienses en nosotros ni en nadie, actúa con calma. Así lograrás cumplir tus sueños y, de paso, los míos, que siempre había deseado que fueras feliz.
Nuevamente me abrazó y me besó varias veces. Nuestras lágrimas se mezclaron.
