Dama de RojoEDITH AGUIRRE
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PARA SEGUIR VIVIENDO · 16 DE 45

MI PARTIDA FRUSTRADA

Lectura a tu medida

El día 3 de septiembre de 1997, a las 14:30 me encontraba en el Aeropuerto Internacional de Mendoza, más conocido como El Plumerillo. Ese era mi punto de salida. Me rodeaban mis dos hijos, mi hermano, su esposa y amigos. Entre ellas Lily, más que amiga, hermana. Todas me daban postales y cartas para que las leyera en el trayecto. Me deseaban mucha suerte y que mi viaje se convirtiera en lo mejor de mi vida.

Ya había realizado todos los trámites: entrega de billetes y control de peso del equipaje. Esperaba en la fila para entrar en la parte internacional, cuando escuché mi nombre por el altavoz. Me solicitaban que me presentara en las oficinas de Aerolíneas Argentinas. Me acompañaron mis hijos. Increíble, pero no pude salir. Me sentía tan frustrada y nerviosa que no entendía ni una palabra de lo que me estaban diciendo. Llamé al españolito para contárselo, pero no logré comunicar: no teníamos cobertura.

Sin poder hacer otra cosa, regresamos a casa. Al llegar, logramos conectar con José. Cuando le expliqué lo ocurrido, nos dijo que si hubiésemos podido hablar con él quizás habría resuelto el problema. Nos habría aconsejado lo que teníamos que hacer. Era mi primer viaje al extranjero y no tenía experiencia en esas cosas.

Por su trabajo, David tenía muchos clientes que eran abogados. Le contó lo sucedido a uno de ellos, muy amigo suyo. El hombre le explicó que no tenían derecho a dejar a un pasajero sin asiento. La compañía estaba obligada a solucionar el problema. Ese incidente me enseñó algo nuevo, y me sirvió mucho lo que aprendí del «Doc». (Así lo llamamos cariñosamente). En dos de mis viajes posteriores pude utilizar la información recibida de él.

Más tarde entendí lo que realmente ocurrió en el aeropuerto. Andrés me ayudó a entenderlo, por ser muy observador. En el momento en que me encontraba haciendo la entrega del equipaje, vio a un hombre que llegó muy apurado y habló con uno de los empleados. En aquel momento Andrés se dijo a sí mismo: «mi vieja puede tener problemas…», y así ocurrió.